Desde el ocaso hasta el amanecer, La Serranía se convertirá en un auditorio privilegiado”

Uno de los innumerables tesoros que esconde el Parque Natural de la Serranía de Cuenca es sin duda La Berrea, ritual de cortejo del ciervo rojo. Este ser majestuoso pasa de ser un animal   silencioso y sigiloso a convertirse en una de las voces más estridentes del reino animal. Repentinamente a mediados de septiembre vomita todo su silencio y se desprende de toda su timidez, hasta que a mediados de octubre regresa callado a los bosques para hacerse casi invisible entre pinos, quejigos, robles o sabinas.

Desde el ocaso hasta el amanecer La Serranía se convertirá en un auditorio privilegiado.  En él podremos escuchar una banda sonora, en tonos graves y rojos, que sube desde los valles hasta que rebota sobre las cornisas de las muelas kársticas, estas servirán como enormes altavoces de piedra caliza. Los grandes machos dirigirán sus bocas abiertas también hacia las bellas hoces, buscando un eco eterno que sobrecoge las entrañas de los tímpanos del que escucha.

El berrido es una amenaza proferida por los grandes machos y con el mensaje de que ningún otro macho se acerque a su harén, y mucho menos a sus huríes. En la mayoría de las ocasiones las amenazas de los grandes machos son suficientes para persuadir el irrefrenable instinto de los aspirantes, pero hay veces que la confrontación es inevitable. Entonces, empequeñecidos, podremos escuchar y con suerte admirar los terribles golpetazos que se propinan los contendientes buscando el favor de las hembras. El tañido de las cuernas resonará sobre las caprichosas formas de este magnífico auditorio que es la Serranía. Salvo accidente estas peleas no suelen acabar con la muerte de ninguno de los oponentes pudiendo durar la contienda varios minutos.

En los prados los vencedores darán rienda suelta a su vigor otoñal rodeados de hembras que pronto serán madres.

Leo 2019

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